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Inalcanzable

(Completo 4:36)

En la Plaza del lugar
la Torre por conquistar,
centenaria autoridad
siguiendo el mismo ritual.
Feroz y cruel competencia,
tradición de primavera
y vigilante el reloj de arena.

El bullicio atronador
lo impulsaba a lograr
una hazaña que jamás
ninguno pudo alcanzar.
Noventa y cinco escalones,
pies y manos amarrados;
su pensamiento tranquilo y claro.
Noventa y cinco escalones
tienen vidrios esperando
y en cada salto los pies sangrando.
De salto en salto progresa
el dolor ya no lo siente
y tan abajo quedó su gente.

El esfuerzo lo llevó
a un escalón del final
su sonrisa es realidad
de dar un salto y llegar.
Pero él tenía otros planes;
largo sueño acariciado.
dio media vuelta y bajó confiado.
Y nadie pudo creerlo,
optimista y satisfecho,
su corazón desbordaba el pecho.
El aplauso lo animó
cuando empezó a descender,
ya cerca de la mitad
sintió el insulto crecer.
La indiferencia era el clima
que reinaba más abajo
y el desaliento le marca el paso.
Emocionado al encuentro
que por último deseaba
cuando abrazó la mujer que amaba.

Y mientras que se alejaban
en la calma del regreso
en su sonrisa le enciende un beso.
El desafío perdura,
como un sueño, está esperando
inalcanzable ilusión brillando.



Texto:
Mario Ipuche, Selma Sparano
(Colaboración:
Dionel Scariato)
Música:
Dionel Scariato
Arreglos:
Mario Ipuche
Grabación:
Voz: Mario Ipuche
Música: Secuencia Reason 2.5

Inalcanzable
La armonía y la melodía de este tema es de Dionel
. Es del año 97 más o menos y es parte de ese "laboratorio" que inventamos con él, en jornadas nocturnas en casa y con el PC enfrente.
El texto tiene una historia más reciente y más curiosa, si se quiere.
Es fruto de un sueño que tuve, de esos en los que uno se despierta y se acuerda de hasta el más mínimo detalle.
Me acuerdo que me desperté llorando, llamé a Selma por teléfono para contárselo y acto seguido me senté frente al PC para escribir desprolijamente todo lo que me acordaba.
Luego se transformó en el cuento: "La Torre del Pueblo".

Cuando buscábamos temática para la música que había compuesto Dionel, a Selma se le ocurre usar aquel cuento y esboza unas cuartetas basadas en el cuento mismo.
Cuando el tema quedó casi pronto Selma empezó a insistir con la idea de que "cuando vayamos al Pais Vasco" veríamos la "escenografía" perfecta para contar esta historia. Tenía y tiene razón. En los paseos por los pueblitos cercanos a Murgia, (en el viaje que hicimos a España en Mayo de 2005), se veía, se escuchaba y se disfrutaba la historia de "Inalcanzable".
Ojalá podamos cumplir la fantasía de grabar el Clip de este tema por allí... Estaría bueno.

Mario Ipuche
27-ago-2005


La Torre del Pueblo

El bullicio y el griterío eran ensordecedores:
- ¡ Dale, sólo un salto más !
- ¡ Por favor, es el último, no te quedes !
- ¡ Fuerza que ya llegaste !!!
El puñado de personas que estaban casi en lo alto de la Torre no paraban de gritarle, de entusiasmarlo, de vivarlo y de darle ánimo para que culminara lo que hasta ahora nadie había podido hacer jamás.
Conquistar la cima de la Torre como lo indicaba la tradición no era cosa fácil y en los cien años de construida nadie lo había logrado.
En todas las primaveras, durante el mes de octubre, eran las implacables competencias, y los pobladores se entrenaban todo el año para llegar en forma al evento que consistía en subir los 85 escalones de la Torre, con las manos en los bolsillos y los pies dentro de un cajón de verduras de los tradicionales del pueblo. Un antiquísimo reloj de arena marcaba el límite de tiempo del jugador, quien era avisado cuando aquel iba por la mitad.
Las contendientes siempre terminaban con muchos heridas, incluso algunas de gravedad, pues las llagas de los pies -pese a la protección permitida- eran realmente marcas para toda la vida e impedimento físico para el siguiente año. Golpes, caídas y quebraduras hacían de la prueba un desafío como pocos. Todos recuerdan perfectamente las muchas primaveras de luto en donde aguerridos atletas perdían la vida en el intento de conquistar aquel último escalón de la Torre.

Lo cierto es que él ya estaba casi allí. En el penúltimo escalón.
Luego de muchos años de entrenamiento y de duras derrotas en dos anteriores intentos, disfrutaba de los sobrados granos de arena de aquel riguroso reloj que ya se había convertido en el centro de los insultos y de la ira mas exacerbada.
Los "espectadores" de la Torre podían ser únicamente aquellos que habían intentado la hazaña y solamente se les permitía subir a presenciar la competencia desde la altura que habían conquistado.
Ya casi no escuchaba los gritos de sus compañeros -casi héroes-, que estaban en los últimos escalones. Miraba para abajo y veía claramente las caras enardecidas, los ojos inyectados en sangre y las venas de sus cuellos a punto de estallar, fruto de los gritos desaforados de aliento.

Pero él tenía otros planes.

Sin dudarlo un instante siquiera, como un acto planeado con mucho tiempo, en el penúltimo escalón de aquella Torre centenaria, decide emprender el descenso -con el cajón sobre el hombro como si fuera un abrigo- mostrando una sonrisa de esas que reflejan una paz interna y la satisfacción de haber logrado lo imposible.
Nadie podía creer aquello. Menos aún los testigos más próximos, quienes enmudecieron y mutaron sus expresiones por el asombro, la incomprensión y luego por la admiración y el orgullo.
Bajaba los escalones feliz, colmado, ya no sentía ningún dolor en su cuerpo y tampoco oía los gritos de desaprobación e incluso algún insulto, que lo acompañaron cuando llegaba a la mitad de la Torre. De allí hasta abajo empezó a sentir fuertes dolores en su cuerpo y a escuchar un murmullo estridente de aquellos que odiándolo y burlándose de él, no se animaban siquiera a mirarlo a los ojos, a esa altura llenos de lágrimas.
La indiferencia fue el clima que reinaba abajo cuando llegó.
Abajo también estaba la mujer que él más amaba. La razón de su vida. La que lo ayudó a llegar a donde había llegado. En un abrazo interminable rompió el llanto más desconsolado y desgarrador.
Así partieron ambos.
Fue luego de unos instantes que ella no pudo más y le preguntó por qué había hecho aquello. El, como pudo, emocionado y con un nudo en la garganta le respondió que quería que la Torre siguiera siendo inconquistable, invencible.

Mario
27-nov-2002



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